Nigeria: la mayor matanza de cristianos del siglo XXI ocurre en silencio
Nigeria se ha convertido en el país con más cristianos asesinados por su fe. Un análisis sobre la violencia islamista radical y el silencio internacional frente a la persecución religiosa.
Mundo02/01/2026
Redacción Realidad Catamarca
En Nigeria se está desarrollando una de las persecuciones religiosas más brutales del siglo XXI. Decenas de miles de cristianos, en su mayoría católicos, han sido asesinados en los últimos años por grupos armados islamistas radicales, con un nivel de violencia que gran parte del mundo elige mirar de costado.
Nigeria concentra hoy la mayor cantidad de cristianos asesinados por su fe en todo el planeta. Desde 2009, organizaciones internacionales, observatorios de libertad religiosa y ONGs humanitarias coinciden en una cifra estremecedora: más de 30.000 cristianos han sido asesinados en ataques vinculados a grupos yihadistas, milicias radicalizadas y violencia sectaria.
Los principales responsables tienen nombre y doctrina. Boko Haram y su escisión, el Estado Islámico en África Occidental (ISWAP), actúan desde hace más de una década con un objetivo explícito: imponer una interpretación radical del islam y erradicar toda presencia cristiana en las regiones bajo su influencia. Iglesias incendiadas, aldeas arrasadas, sacerdotes asesinados, fieles ejecutados por negarse a abandonar su fe. El mensaje es claro: sometimiento o muerte.
A esto se suma la violencia ejercida por milicias de pastores fulani radicalizados, que en el centro de Nigeria atacan comunidades agrícolas mayoritariamente cristianas. El componente religioso es innegable: las víctimas son cristianas, los ataques son selectivos y la impunidad es casi total. En estados como Benue, Plateau y Kaduna, pueblos enteros han sido literalmente borrados del mapa.
Esto no es una “crisis humanitaria neutral”. Es el avance del islamismo radical como ideología política violenta. No se trata de la fe privada de millones de musulmanes que viven en paz, sino de una doctrina que, cuando se convierte en poder armado, no tolera la existencia del otro. El islamismo radical no convive: conquista y elimina.
El silencio internacional resulta tan grave como la violencia misma. Naciones Unidas, organismos multilaterales y gran parte de la prensa global evitan llamar a las cosas por su nombre. Se relativiza, se diluye, se explica todo como “conflictos complejos”, mientras los cuerpos se siguen acumulando. Cuando las víctimas son cristianas, la indignación desaparece. No hay marchas globales, no hay hashtags, no hay líderes socialistas ni progresistas rasgándose las vestiduras.
Este fenómeno debería interpelar a Occidente y especialmente a la Argentina. No por miedo, sino por defensa de valores. La libertad religiosa, la vida humana y la identidad cultural no son negociables. La tolerancia no puede convertirse en suicidio moral. Ignorar lo que ocurre en Nigeria no lo vuelve inexistente: solo garantiza que se repita.
La experiencia internacional demuestra que donde el islamismo radical gana terreno, la libertad de los individuos retrocede. Nigeria no es una anomalía, es una advertencia. Y como toda advertencia ignorada, termina teniendo consecuencias.