¿Qué va a pasar con Nahuel Gallo?

Te lo digo yoRedacción Realidad CatamarcaRedacción Realidad Catamarca
Nahuel Gallo Gendarme

El gendarme catamarqueño Nahuel Gallo, secuestrado por el régimen narcoterrorista de Nicolás Maduro, continúa aún bajo el control de una dictadura que utiliza personas como piezas de negociación política. No hay juicio, no hay pruebas, no hay transparencia. Hay silencio y encierro.

El caso de Nahuel Gallo se convirtió en una muestra clara de cómo operan las dictaduras cuando no son enfrentadas. Pero también expone otra realidad incómoda: quiénes están dispuestos a actuar y quiénes prefieren mirar para otro lado.

Desde el primer momento, el presidente Javier Milei tomó este caso como una verdadera cuestión de Estado. Lo llevó a los foros internacionales, lo expuso ante el mundo y dijo las cosas como son: se trata de una detención arbitraria y de una desaparición forzada encubierta por un régimen autoritario. Milei marcó una posición clara desde el minuto uno.

Con la reciente captura del narcoterrorista Nicolás Maduro, las acciones del gobierno argentino cobran aún más relevancia. Para muchos catamarqueños que sentimos dolor e indignación al ver a un compatriota secuestrado por una dictadura, la firmeza del Presidente no pasa desapercibida. Se agradece, porque no es habitual ver a un Estado que no abandona a los suyos.

Pero mientras eso ocurre a nivel nacional e internacional, en Catamarca el contraste resulta repulsivo. El silencio del gobernador Raúl Jalil y del intendente Gustavo Saadi es imposible de justificar. Es el mismo silencio que el peronismo vuelve a elegir cuando se trata de dictaduras “amigas”, de regímenes que se presentan como populares mientras reprimen, encarcelan y persiguen sin piedad.

Cuando un catamarqueño está secuestrado en el exterior por una dictadura, lo mínimo exigible es una postura firme, pública y sostenida en el tiempo. Nada de eso ocurrió. Jalil y Saadi eligieron no confrontar y no decir absolutamente nada. Eligieron la comodidad de su feudalismo local antes que la defensa de un comprovinciano.

El peronismo, una vez más, exhibe su doble vara moral. Se llena la boca hablando de derechos humanos, pero calla cuando el violador de esos derechos es Maduro. Denuncia represiones de manera selectiva, pero guarda silencio cuando el secuestrado es un gendarme argentino y el responsable es un régimen socialista y narcoterrorista.

Hoy, sin embargo, el escenario empieza a moverse. La presión internacional crece, el chavismo se debilita y la Argentina, por decisión política de su Presidente, nunca soltó el reclamo. Eso cambia las chances. Abre una posibilidad real que antes no existía: que Nahuel Gallo pueda ser finalmente liberado, volver a su país y reencontrarse con su familia.

¿Qué va a pasar con Nahuel Gallo?
La respuesta ya no es solo diplomática. Es política y moral.
La historia siempre termina poniendo a cada uno en su lugar: a quienes dieron la pelea y a quienes eligieron el silencio cómodo.
En Catamarca, cuando este capítulo se cierre, también va a quedar claro quién estuvo del lado correcto y quién prefirió callar cuando más se necesitaba alzar la voz.