No fue protesta: fue un ataque a la democracia con piedras, molotovs y fuegos artificiales
Política
Redacción Realidad Catamarca
Mientras el Senado debatía la Ley de Modernización Laboral, en la calle hubo sectores que eligieron no dar esa discusión. En lugar de participar del debate democrático, optaron por otro camino: el de la violencia, el del ataque, el de intentar imponer por la fuerza lo que no pueden sostener con argumentos.
Lo ocurrido no fue una protesta espontánea. Hubo organización, hubo intención de generar caos y de condicionar el funcionamiento institucional. Cuando en medio de una votación aparecen piedras, incendios y agresiones contra la policía, deja de tratarse de un reclamo social y pasa a ser una forma de presión política que busca alterar el orden democrático.
La democracia no funciona con aprietes ni con disturbios. No funciona con grupos que creen que pueden reemplazar al Congreso. La democracia funciona ganando elecciones, obteniendo representación parlamentaria y defendiendo ideas con votos. Ese es el mecanismo básico de la República, aunque algunos sectores —especialmente ligados al peronismo y a partidos de izquierda— parezcan desconocerlo cada vez que el resultado político no les resulta favorable.
Cada intento de reforma que toca intereses arraigados genera la misma reacción. Discutir cambios reales implica revisar privilegios, modificar estructuras que llevan décadas sin actualizarse y aceptar que la Argentina necesita transformaciones profundas. Cuando esos cambios aparecen, hay quienes responden como lo hicieron siempre: tratando de frenar todo mediante la violencia.
La utilización de personas vulnerables en escenarios de violencia que no resuelven su situación ni mejoran sus condiciones de vida. Mientras tanto, quienes dicen representarlas siguen sin ofrecer propuestas concretas para reducir la informalidad, generar empleo o modernizar el sistema laboral.
Las fuerzas de seguridad estuvieron allí para garantizar que el Congreso pudiera sesionar. Sin orden público no hay ley y no hay República posible. Defender ese orden no es ir contra la democracia; es permitir que la democracia funcione.
La Libertad Avanza impulsa reformas dentro de ese marco institucional: presenta proyectos, los discute, negocia mayorías y se somete a las reglas del sistema. Puede haber acuerdo o desacuerdo con esas reformas, pero el camino elegido es el que corresponde en una democracia. Quienes atacaron en la calle eligieron directamente desconocer esas reglas.
La Argentina no va a salir adelante si cada intento de cambio es respondido con violencia. No va a generar trabajo si las discusiones estructurales se bloquean con caos. Y no va a fortalecer sus instituciones si se naturaliza que algunos pretendan reemplazar el debate político por la presión.
El país enfrenta una decisión, discutir su futuro con leyes, con representación y con instituciones, o seguir atrapado en los métodos peronistas que durante décadas impidieron avanzar.